Hacer cosas porque sí: slow life y el placer de crear sin prisa


Últimamente tengo la sensación de que hemos perdido un poco el gusto por hacer las cosas despacio.

Sentarnos a leer sin más pretensión que disfrutar del libro. Tejer sin pensar en cuántos proyectos tenemos que terminar este mes. Dibujar o pintar porque nos apetece, sin pensar si el resultado merece una foto.

Y, sin embargo, parece que incluso nuestros hobbies tienen que producir algo.

Una foto bonita. Un vídeo. Un reel. Una publicación. Unos cuantos likes que nos confirmen que eso que hemos hecho también le ha gustado a alguien.

Y ojo, que a mí me encanta.

Soy mucho más de imágenes que de vídeos, pero me divierte muchísimo ese rato de scroll en el que dejo que el famoso algoritmo decida qué tiene preparado para mí. Me gusta descubrir cuentas, ideas, colores, labores y personas que probablemente nunca habría encontrado de otra manera.

También me gusta compartir lo que hago. Lo que no quiero es que compartirlo sea la razón para hacerlo.

No tengo una vida especialmente tranquila. Hay trabajo, obligaciones, familia, horarios, cosas que hacer y esa sensación bastante habitual de ir corriendo de un sitio a otro intentando llegar a todo. Por eso quizá me gusta tanto la idea de slow life.

No porque pueda vivir despacio todo el tiempo, sino porque intento encontrar pequeños momentos de vida lenta dentro de una vida bastante ajetreada.

Tejer durante la siesta del peque. Leer antes de dormir. Ver una buena serie con el proyecto entre las manos. Sentarme a escribir en mi cuaderno para todo, del que algún día os hablaré con calma. Dibujar. Pintar.

Hacer algo sin pensar en si tendrá repercusión, si alguien lo verá o si merece la pena enseñarlo.

Simplemente ocupar ese rato.

Y aquí hay algo que quizá no se entienda demasiado desde fuera. Para mí, diseñar un patrón es desconectar. Tejer para reglar, es desconectar. Puede parecer que estoy trabajando: pensando en formas, probando puntos, haciendo y deshaciendo, tomando notas...

Pero mientras estoy con eso, durante un rato, dejo fuera de la cabeza todo lo demás.

No estoy pensando en la lista de cosas pendientes. Estoy pensando en el patrón. Y eso, para mí, es descanso.

Quizá no necesito una tarde entera libre para llevar una vida más slow. A veces basta con esos pequeños huecos que aparecen entre una obligación y otra.

Unas vueltas. Unas páginas. Un dibujo. Un rato de silencio. No se trata de dejar de hacer cosas ni de convertir nuestra vida en una postal de tranquilidad.

Se trata de encontrar pequeños momentos en los que no tengamos que llegar a ninguna parte. Y quizá eso sea, para mí, un poquito de slow life.

No vivir despacio.

Vivir algunos ratitos despacio.

¿Y vosotras? ¿Tenéis también esos pequeños momentos de slow life dentro de vuestro día a día? ¿Cuál es ese rato que reserváis simplemente para disfrutar?



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